sábado, 2 de enero de 2010

Nicanor y Melquiades

Nicanor, en busca de pescado,
acudía al mercado todas las mañanas.
Era la rutina el santo y seña de su vida.
Los jueves, adquiría sardinas.


Los miércoles, chicharros o caballa.
El pescado azul ponía a raya.
Y los cinco días restantes, pescadilla.
Y si podía,  merluza en Navidades.


Era el pescadero don Melquiades
un hombre de voz afónica y cavernosa.
Sólo la necesidad le llevaba a la charla
y huía de cualquier discusión acalorada.


Un día Nicanor, a voz en grito,
se quejaba del mal olor de las sardinas.
El tema del olor incomodó a Melquiades
que,  contra  su costumbre,


amenazaba dando grandes voces
con llevarle ante la Guardia Civil.
La voz airada, -ronca o áspera-
no siempre ha de tener razón.
Y dijo Nicanor con mucho tino:


Cállese ya, Melquiades, por favor.
¡Tengamos la fiesta en paz
que aquél que para defender lo suyo, grita
mas que su valor muestra su miedo!
Esto lo saben ya en  toda Europa:


¡Cuando el pescado está podrido, apesta
y ni yo ni nadie lo llevará en su cesta!



Para el juego de la palabra dada
Palabra: voz
Dadora: Teresa
Alcalá de Henares.28 de noviembre de 2009  

Oquedad

En principio, la palabra oquedad nos conduce al concepto de hueco, éste al espacio infinito y a los agujeros negros. A...