jueves, 19 de marzo de 2009

Nacer espiga en el país de la cizaña

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Mi generación y, otras que llegaron
prosiguiendo su camino tras el mío,
fue como ahogarse minuto a minuto,
día a día, en la falacia y la hipocresía.

¡Nacer espiga donde reina la cizaña!
Pretender respirar: una hazaña era.
El miedo al ¿qué dirán? nos oprimía.
Así, aprendimos que el orgullo

era el timón al que asirnos en la vida.

Éramos la piedra en el cauce del río
que incólume parece resistir la marcha
de las aguas en su eterna andadura
pero que convertían, en el fondo,

nuestras ansias de hallar la libertad
en impalpables partículas de arena.


Estabas condenada -si llegabas al mundo
disfrazada de flor de bajo precio o sin olor-
a vivir para siempre postergada
y a escuchar: ¡no vales para nada!

Mujer cuya belleza no intimida a un varón,
ha de aceptar, por obvio, su destino de esclava
y ha de reconocer, eternamente, tal favor.

El hombre –es e vidente- se r i n d e
ante la espléndida belleza de la rosa
mas, al poco tiempo, el corazón aparta
si los suaves pétalos se secan y deshojan.

Cuando el camino del amor incierto
desplazaba a una mujer, como a un objeto,
impedía, también, que realizara su vida
buscando una nueva en otro puerto.

Raitán
Alcalá de Henares, 31 de marzo de 2008

Estamos de pruebas. ¡Perdonen las molestias!

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Este tema se va complicando porque como tengo dos blogs de diferente formato no aceptan el mismo tamaño. Pero bueno, no está bien vender la piel del oso antes de cazarlo y yo todavía no tengo claro si he errado el tiro o casi acertado.
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Otra prueba de tamaño.

Nuestro objeto de deseo fotográfico

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Sigo enredada con el formato de tamaño para publicar en el blog. Creo que, con esta modificación, me he quedado corta. Ahora lo veremos.

Querido Rey Melchor.

Esta es la primera carta que te escribo. Aún no sabía ni siquiera leer cuando mi madre dijo: -los Reyes no existen. Qu...