martes, 16 de septiembre de 2014

¡Ay, si yo fuera rica!





¡Ay, si yo fuera rica me compraría una peluca azul
con tirabuzones colgando de la nuca!
Con una caña de pescar salmones, me iría a buscar tiburones.
Montada en una nano escoba tecnológica
saldría a barrer mis telarañas, ay si yo fuera rica…

¡Ay, si yo fuera rica podría por los mares navegar!
Tendría un barco velero e invitaría a las gaviotas a cenar.
¡Ay, si yo fuera rica, crearía muchísimos puestos de alegría!
Pondría el mundo bocabajo y los niños reirían a destajo. 


¡Ay, si yo fuera rica, mirando el fulgor de las estrellas, bailaría!
Regalaría tinajas con la hermosura del agua y la frescura del viento.
A la inmensidad del mar, levantaría un monumento.
¡Ay, si yo fuera rica, llevaría la primavera a tu invierno!


Ahora soy pobre porque solo cuento las monedas que tengo.


Cuando el fin queda más cerca cada día, compruebo
que he pagado un precio excesivo por lo que quería.
Que lo que me importaba de verdad, no se vendía.
Si he podido llegar hasta aquí sin asfixiarme, ha sido gracias
a mi evasión  al mundo de la ficción y de los sueños.


Ahora soy vieja porque solo miro a los ojos de la cruda realidad.


No me gusta el mundo en el que vivo.
Que  derrocha la belleza natural.
Seguimos contaminando el aire y las aguas.
Arrojando al fuego de la ignominia el talento de hombres y mujeres.
Llevamos a la extinción a centenares de especies vivas.
Continuamos fabricando las más sofisticadas armas
que solo siembran la muerte y el infierno en vida de las gentes.


Que en el santo nombre de la Democracia, nos engañan y estafan.


Y así dolorida,  - ya no hay fantasía ni esperanza que me asilen -
más muerta estoy que viva…
porque me aterra pensar a dónde habrían ido a parar
mis fantásticos ideales si, en realidad, yo hubiera sido rica.



Alcalá de Henares, 16 de septiembre de 2014
Texto e imágenes realizados por Franziska para
EL JUEGO DE LA PALABRA DADA
PALABRA: RICA
DADORA:  QUETA  LOPEZ RIEGO
 


Querido Rey Melchor.

Esta es la primera carta que te escribo. Aún no sabía ni siquiera leer cuando mi madre dijo: -los Reyes no existen. Qu...