martes, 5 de agosto de 2014

PATIO





Tenía Mariquita cinco años.
Unos ojos de color castaño, con matices
igual a las almendras  crujientes y tostadas.
Y enseñaba al reír todos sus dientes.


Dos trenzas cortas y mal hechas,
rematadas  con dos lazos  mariposa
que, cada día,  su cariñosa madre
lavaba y planchaba con esmero.


Se acababa de librar la incivil contienda.
Y  era un milagro tener una vivienda
                                            en Madrid.


Al sótano trasero de una casa
que tenía un patio muy pequeño
arribó Mariquita con sus sueños.


Las paredes del patio –algo foscas-
de un blanco deslucido y azulado
fueron enjalbegadas, 
con el apoyo fiera de dos brochas,


por su madre y su hermana Trinidad
que acabaron maltrechas, doloridas,
y  sufrieron tremendas agujetas.


Aquellas paredes tan blancas
que lucían al resol de los balcones,
azuzaron la primera inspiración de Mariquita:
su bizarra vocación a la pintura.


Toda aquella gama de rayados negros y azulados
pusieron en el disparadero las iras de su hermana.
Sin embargo, su madre –madre al fin-
llegó a la conclusión –muerta de risa-


que su pequeña tenía  gran talento para la pintura.
Y fuera ya, en las paredes del patio o en los suelos,
cada borrón, cada trazo en espiral, cada maraña,
era una muestra evidente del desarrollo de una artista.

Alcalá de Henares, 5 de agosto de 2014
JUEGO DE LA PALABRA DADA
PALABRA:  PATIO
DADOR:  VICTORINO, DEL CENTRO DE MAYORES DE USERA

Querido Rey Melchor.

Esta es la primera carta que te escribo. Aún no sabía ni siquiera leer cuando mi madre dijo: -los Reyes no existen. Qu...