martes, 16 de octubre de 2012

Utopia





Conjugaremos los verbos sin futuro
y ya no existirán condicionales
ni conciertos, contratos ni otras causas
que el presente continuo que tengamos.



La noche más oscura y de misterio
será la novia eterna de los sueños
y habrá de rescatar la patria arisca
donde naufragaron los anhelos.



El día será la ocasión del firmamento
para mostrarnos su luz y sus colores:
nos miraremos con la verdad en los ojos
y ligeros de equipaje, por fin, caminaremos.



Excluiremos el modo imperativo,
y sólo al conjugar el verbo amar,  lo emplearemos.
Sembraremos un tiempo más justo,
-al abrigo del aquilón y el cierzo-
y crecerá la armonía a nuestro lado
igual que hoy florecen los almendros.



En el rincón de los olvidos, la esperanza
perderá todas sus retorcidas ramas:
sin posibilidades ni futuras mañanas
como la única alternativa que se aguarda.



En el triste callejón donde palpitan
las rencillas,  odios y rencores,
no volverá a llover ni a lucir el sol:
será como un tiempo subjuntivo
sin raíces ni tierra en que crecer.



Porque el futuro no existirá, viviremos
amándonos, -como Dios ha querido-,
conjugando un gerundio más dichoso.



El trabajo será la paz y el pan
que ha de saciar el hambre y no la codicia
que se esconde: ya no será viable
que los hombres acaparen sin más



alterando las leyes de Dios que dijo al hombre:
amarás, como a ti mismo amas.
Comprendiendo y amando, en fin,
construyendo la vida en más gerundio.

Alcalá de Henares,16 de octubre de 2012
Texto e imágenes realizados por
Franziska



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